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Esta excursión se dedicará a ver lo más característico de Lanzarote: su zona volcánica; no obstante de ser la isla menos montañosa de las Canarias, ya que su elevación máxima es de 670 metros, Lanzarote cuenta con más de 300 cráteres de volcanes, actualmente todos ellos sin actividad, por lo que no representan ningún peligro.

Sin embargo, no siempre fue así; en 1730, 1736 y 1824 se produjeron grandes erupciones que arrasaron unos 200 kilómetros cuadrados, es decir, una cuarta parte de la Isla, precisamente la parte más fértil y productiva, desapareciendo bajo la lava una decena de pueblos, que yacen a 80 metros de profundidad.

Toda esta superficie, de una belleza extraña y atractiva, de formas variadas y sorprendentes, es lo que forma el Parque Nacional de Timanfaya, uno de los nueve que existen en España. Para llegar allí, saliendo de Arrecife, se tomará la dirección de San Bartolomé, para seguir por Mozaga, Tiagua, La Vegueta y Mancha Blanca; poco después se entra en el Parque, en cuyo centro se encuentra la montaña de Timanfaya, con 510 metros de elevación.

No lejos de este lugar esta el Islote de Hilario, que es una zona de servicio con estacionamiento para vehículos, punto de partida y llegada para hacer la Ruta de los Volcanes, tiene unos 10 kilómetros de recorrido, bien a lomo de camello o en autobús; en este lugar existe también un restaurante, El Diablo, donde asan las carnes con el calor de la tierra.

Efectivamente, aquí escarbando la tierra, a un metro de profundidad, se alcanzan 100º centígrados, lo que le ha valido a este lugar el sobrenombre de la Montaña de Fuego. Como demostración de las temperaturas existentes se han introducido en el suelo unos tubos de 10 metros de largo, con lo que se consiguen 400º Centígrados o 725 Farenheit; entonces echan en el hueco un cubo de agua que instantáneamente se vaporiza y sale disparada hacia lo alto con el estruendo de un cañonazo.

La isla de Lanzarote tiene unos 19 ó 20 millones de años, pero vista aquí, en estos “malpaíses”, preciosa palabra canaria que designa los terrenos estériles cubiertos por lava o escorias, es como si estuviera en los primeros albores de los tiempos. De regreso se podrán visitar las localidades de Mancha Blanca, con la ermita de la Virgen de los Dolores, también conocida como Virgen de los Volcanes, a quien se atribuye la detención del avance de la lava en varias ocasiones, y Tinajo, con la iglesia de San Roque y bonitas calles y casas.

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Buitre Leonado en Las Hoces del Río Duratón

El segoviano Parque Natural de las Hoces del Duratón es el mejor  lugar para la observación de la mayor población de buitre leonado de Europa. Además es un lugar ideal para pasar una jornada de campo redeoados de una fauna y flora excepcional.

Habitan en el parque un buen número de especies animales con representación de todas las clases de vertebrados. Peces, mamíferos, reptiles y anfibios están bien representados, pero es sin duda la Clase Aves, la que ocupa el protagonismo animal.

Entre las aves destaca la importante colonia residente de buitre leonado o común. Aunque también están presentes otras rapaces como el águila calzada, el águila culebrera, el alimoche, el búho real, el autillo, el mochuelo, la lechuza común, el milano real y el milano negro, etc., la más abundante es el buitre leonado, la mayor de las aves de la Peníncula ibérica. El buitre llega a alcanzar una envergadura de 2 metros y ochenta centímetros y su vuelo rasante sobre nuestras cabezas llega a impresionar de verdad.

El río Duratón nace en las faldas de Somosierra, en su vertiente segoviana y tiene un recorrido de 30 kilómetros en su parte más famosa, la de las Hoces. Se trata de un recorrido serpeteante dibujando unas eses muy marcadas que comienzan a la altura del pueblo de Sepúlveda y que llegan hasta el represamiento del río, en el embalse de Burgomillodo, cerca de San Miguel de Bernuy. Durante los últimos 10 kilómetros, el río labra su paisaje más salvaje, de farallones y cortados rocosos imponentes y que sirven de morada a las casi 500 parejas de buitre leonado que aquí viven.

El mejor sitio para su contemplación se encuentra en las inmediaciones de la ermita de San Frutos (patrono de Segovia). Con unos prismáticos es fácil distinguirles en los nidos que construyen en las repisas y cortados de estos precipicios, donde crece el único pollo de cada puesta (incuban durante la primavera y el pollo nace a principios de verano).

Como llegar a Las hoces del Río Duratón

Desde Sepúlveda hacia Villaseca. Desde Cantalejo por Sebúlcor hasta Villaseca. En Villaseca, junto a la ermita, sale una pista forestal de cinco kilómetros hasta la explanada que sirve de aparcamiento para visitar las Hoces y la Ermita de San Frutos.

Crédito imagen: M.Peinado con licencia CC

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La naturaleza ofrece en Lanzarote aspectos insospechados, turismo y excuriones de una belleza extraña y diferente, donde la Geología aparece al descubierto; paisajes de una belleza cambiante, según los diferentes lugares que se visiten. En consecuencia, para el viajero que llegue a Arrecife, debe ser imprescindible, después de haber visto la Capital, salir y sorprenderse hasta maravillarse ante una tierra donde el hombre ha actuado respetuosamente respecto a ella, creando unos cultivos de aspectos únicos y unos pueblos que, integrados en el paisaje, lo complementan, como también lo hace la exótica vegetación, cuyo principal exponente es la palmera.

Tahíche, Teguise y San Bartolomé en Lanzarote

En el Taro de Tahíche se visitará la Fundación César Manrique. Cesar Manrique ha sido un personaje clave en la presentación de la Isla al turismo que la visita, ya que ha sabido realzar y potenciar lo que la naturaleza ofrecía, permitiendo la contemplación de las maravillas naturales respetando el medio y compaginando lo natural con la funcionalidad. Cesar Manrique, arquitecto, pintor y escultor, natural de Lanzarote, nacido en 1920, amó a su Isla.

La Fundación, de carácter cultural y privado, tiene su sede en lo que fue su residencia, en cinco burbujas volcánicas subterráneas, donde se exhibe su colección pictórica y escultórica privada, con obras de Tàpies, Chillida, Chirino, etc., así como una recopilación de su propia obra en la que armoniza las artes con el medio ambiente.

Teguise, con algo más de 8.000 habitantes, fue la capital de Lanzarote hasta 1852. Conserva su aspecto de villa noble y señorial, con interesantes monumentos como la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, que data del año l428, el palacio Spínola, el convento de San Francisco, del año 1590. La villa presenta un acusado carácter cultural y ha sido declarada Conjunto Histórico Artístico.

Junto a Teguise se levanta la montaña de Guanapay, coronada por el castillo de Santa Bárbara, desde donde se dominan magníficas vistas panorámicas, y en el que se ha instalado el Museo del Emigrante, ya que hubo épocas en que la emigración hacia América fue importante. En Teguise tiene lugar los domingos por la mañana un mercadillo popular y suelen representarse bailes regionales.

Entre Teguise y San Bartolomé esta el llano de Zonzamas, con un importante yacimiento arqueológico de los primitivos habitantes de la Isla, en el que aparecen alineaciones de piedras y construcciones ciclópeas.

En las proximidades de San Bartolomé puede admirarse otra de las creaciones de César Manrique, el Monumento al Campesino, formado por grandes bloques blancos de diversas formas que constituyen una especie de torre con una amplia base, monumento ciertamente merecido ya que el agricultor lanzaroteño saca cosechas de un suelo insólito sin apenas agua, ya que las lluvias son escasísimas, representando sólo unos l45 milímetros anuales. Junto al monumento está la Casa Museo del Campesino con aperos de labranza, utensilios de la vida diaria, telares artesanos, un molino, etc. Junto al museo hay un restaurante donde pueden degustarse los platos de la cocina tradicional de la Isla.

Otras excursiones y rutas en Lanzarote

  • Los volcanes de Lanzarote
  • Ruta del Norte de Lanzarote
  • Ruta del Sur de Lanzarote

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Bosque de Muniellos en Asturias

El bosque de Muniellos, el “bosque encantado” como es conocido por los lugareños, lo tiene todo para disfrutar a través de nuestros paseos de una naturaleza en estado salvaje, casi virgen. El acceso restringido (20 personas autorizadas al día) que regula la Agencia de Medio Ambiente del Principado de Asturias ayuda de manera notable a la mejor conservación de la Reserva y garantiza al visitante esa sensación de soledad tan agradable al caminar.

El carácter conservacionista que desde 1964, fecha en que fue declarado Paisaje Pintoresco, existía en esta zona asturiana dio finalmente sus frutos, y los años 1969 y 1970 marcaron el final de las fuertes explotaciones madereras que estos montes venían sufriendo. Atrás quedaron la tala masiva de árboles y el continuo ir y venir de las grandes máquinas y camiones. En 1973 el monte de Muniellos fue adquirido por el I.C.O.N.A. y declarado Coto Nacional de Caza, pasando a ser años más tarde (1982) Reserva Biológica Nacional; las actividades cinegéticas pasaron pues a mejor vida. En la actualidad a este espacio protegido se han incorporado los montes de Valdebois (1.625 Ha.) y La Viliella (1.224 Ha.) que se suman a las 2.695 Ha. de Muniellos.

Hoy en día las huellas de su pasado maderero han desaparecido gracias a la regeneración natural del bosque, que se ha convertido por méritos propios en la representación de bosque caducifolio mejor conservada del país. Laderas y laderas tapizadas de robledal son la más fiel indicación de la recuperación del monte.

Los senderos que recorren el bosque nos dan una idea de las maravillas que encierra el lugar. Casi todos pasan por la zona más visitada y espectacular de la Reserva, las lagunas de Muniellos. Se trata de un conjunto de lagunas de origen glaciar que constituyen el marco perfecto para la observación, aunque difícil, de los corzos y rebecos bebiendo en sus orillas.

El rey de estos parajes es sin duda el oso pardo que encuentra aquí su particular paraíso. El urogallo se mueve a sus anchas en la espesura del bosque, donde se han localizado algunos “cantaderos” o zonas utilizadas para el cortejo durante su época reproductora. El lobo, tejón, marta, garduña, nutria y jabalí, entre otros, son la fauna más representativa, que junto con 65 especies de aves y gran variedad de anfibios y reptiles completan el centenar largo de vertebrados censados en estos montes.

La vegetación es densa y variada. La totalidad de la Reserva es un auténtica jungla de robles, hayas, abedules, melojos y serbal de cazadores con infinidad de helechos y musgos que confieren un aspecto selvático a las zonas umbrosas. La gran riqueza en líquenes es síntoma inequívoco de la pureza de estos montes, pues se trata de un elemento bioindicador que crece en los lugares ajenos a la contaminación.

Las visitas a Muniellos son de un día de duración, o para ser más concretos desde las ocho de la mañana hasta una hora antes de que caiga el sol. Si queremos podemos solicitar los servicios de un guía de forma gratuita al hacer la reserva, que nos acompañará durante el recorrido.

No obstante proponemos un recorrido que nos de la mejor representación de lo que es este bosque y a la vez un margen para poder realizarlo disfrutando, sin agobios, como bien merece el lugar.

El sendero arranca junto a la Casa de Recepción, al pie de un letrero de madera que reza “A las lagunas 10 Km.”. Se trata en efecto de una caminata de unas 4 horas que de una manera agradable nos traslada desde los 800 m. de altitud hasta los aproximadamente 1.400 m. donde se encuentran las lagunas. El camino va atravesando multitud de pequeños barrancos que descienden entre estas empinadas laderas.

Primero caminamos paralelos al Arroyo de Cullada, que se deja caer por el valle del mismo nombre y luego pasamos a serpentear por la ladera hasta la Fuenculebrera. La senda va alternando parajes de gran humedad, allí donde los valles se encajonan y abundan musgos y helechos, con lugares de mayor exposición solar, pero siempre bajo una cerrada vegetación que muy de vez en cuando ofrece algún pequeño claro a modo de ventana que nos permite apreciar la espesura de las laderas vecinas.

La llegada a la Fuenculebrera (2 h.) indica que hemos pasado la parte más cansada del itinerario, que a partir de ahora se deja llevar a media ladera. Salvamos algunos canchales y llegamos al Arroyo de la Candanosa (2 h. desde Fuenculebrera), punto clave del recorrido. Aquí un cartel nos señala el último kilómetro hasta las lagunas y otro, “Tablizas 6.5 Km.”, nos indica el camino de retorno que después tomaremos.

Tras unos suaves veinte minutos la Laguna de la Isla nos recibe con sus bellas aguas en un remanso de paz y gran naturaleza. Por el canchal situado a la derecha de esta balsa de agua sube un pequeño camino que en breve nos conduce al resto de lagunas: la mencionada Laguna de la Isla, la Laguna Honda, la Laguna Grande y la Laguna de la Peña, por orden de aparición, son un magnífico conjunto de lagunas de origen glaciar que marcan el colofón de la fenomenal excursión por estos bosques astures.

Para volver al lugar de partida desandamos nuestros pasos hasta el desvío antes descrito y bajamos por el camino indicado como “Tablizas 6.5 Km.”. Esta senda desciende junto al Arroyo de la Candanosa, que si bien al principio es un hilo de agua, al final se convierte en un precioso río de aguas limpias y pozas transparentes, donde las nutrias viven en la más absoluta tranquilidad. El camino, cada vez más ancho, enlaza finalmente con una antigua pista maderera y tras 3 horas de descenso desde la Laguna de la Isla llegamos a la pradera de Tablizas, donde la Casa de Recepción de la Reserva pone punto final al gratificante recorrido.

El bosque de Muniellos es un entramado vegetal que debe seguir siendo protegido y conservado para continuar siendo lo que es, el mejor bosque de España.

Como llegar al bosque de Muniellos

El bosque de Muniellos está situado a caballo entre los términos municipales de Cangas del Narcea e Ibias, en el Principado de Asturias. A él se accede por la carretera comarcal As-211 que une Ventanueva (Cangas del Narcea) con San Antolín (Ibias), de la que sale una pista en las proximidades del pueblo de Moal que nos lleva en breve a la Casa de Recepción de la Reserva. No abundan las gasolineras en la zona.

Crédito imagen: Diego con licencia CC

Extremadura y el Mirador de la Vera en Cáceres es sin duda uno de los lugares más privilegiados para la observación de aves no sólo en la Península Ibérica sino en todo el continente europeo. En buena parte se debe al clima benigno de la región y al buen estado de conservación de la naturaleza, con representaciones únicas del auténtico bosque mediterráneo. Alcornoques, encinas forman bosques y dehesas repletos de vida animal y cuyo catálogo de especies aladas se ve año tras a año ampliado notablemente durante los meses invernales, cuando llegan hasta tierras extremeñas las aves invernantes. Entre ellas destacan los bandos de avefrías y grullas. Las grullas, procedentes de Escandinavia son particularmente llamativas…y ruidosas.

Pero no hace falta esperar a la llegada de los puntuales visitantes ya que son muchas y muy importantes las especies de aves presentes en la zona durante todo el año. Entre estas aves residentes se hallan por ejemplo la cigüeña negra, el buitre negro, el elanio azul… y así hasta más de un centenar de especies.

Uno de los lugares donde la naturaleza es particularmente generosa es la comarca verata, en la provincia de Cáceres. El microclima es aquí único gracias a la protección que otorga la vertiente meridional de la Sierra de Gredos.

Allí tiene sus instalaciones el Mirador de la Vera. Dirigido por un ornitólogo y rodeado de un equipo técnico y humano especializado, esta casa rural ha sido diseñada para una estancia íntimamente ligada a la observación de aves a modo de un gran hide. Desde el interior de los apartamentos se disfrutan grandes panorámicas gracias a sus enormes ventanales que permiten observar sin ser visto.

Desde El Mirador de la Vera se organizan rutas ornitológicas no sólo por los alrededores de la finca, sino por los espacios naturales protegidos más próximos: Parque Natural de Monfragüe, Dehesa de Campo Arañuelo y sus lagunas, Llanos de Cáceres y Trujillo, Valle del Tiétar, Sierra de Gredos, Pantano de Rosarito, Pantano de Valdecañas, Pantano de Sierra Brava, Sierras de los Ibores y Las Villuercas, Llanos de Oropesa y algunas más.

Los espacios naturales cercanos importantes son innumerables y desde El Mirador le indicarán los más interesantes en función de las aves que desea observar, tanto si es un ornitólogo iniciado como si es un Novel. Cuentan incluso con todo terreno para facilitarle sus trayectos.

Accesos hacia el Mirador de la Vera

Vídeo de Jaráiz de la Vera en Cáceres

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El cráter del Ngorongoro, con 20 kilómetros de diámetro, es una de las calderas más grandes del mundo. Su borde superior se encuentra a unos 2.300 metros de altitud, en el reino en el que las nubes se compactan y forman una preciosa cascada hacia el interior, cuyo fondo se localiza 600 metros más abajo.

Si pudiéramos ampliar la lista de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo e incluir alguna fuera de la Cuenca Mediterráneo y de tipo natural, la octava maravilla sería sin duda el Cráter del Ngorongoro.

El fondo del cráter es el mismísimo Jardín del Edén. En él habita la mayor concentración de vida salvaje estable del planeta, hasta 30.000 animales que entran y salen a su antojo por las escarpadas laderas del extinto volcán. Sólo la jirafa falta en la lista de fauna, pues las laderas son demasiado abruptas para bajar por ellas. Tampoco las hembras y crías de elefantes -si los machos-, que habitan el borde adonde suben los machos para aparearse. Las laderas tapizadas por una selva impenetrable se convierten en peligrosos barrizales para estos animales en su descenso al fondo de la caldera.

En realidad no les haría falta salir pues el cráter es generoso en alimento durante todo el año. Una gran diversidad de hábitat en el que no faltan bosques como el de Lerai -en el que abundan las acacias amarillas-, lagunas (Gorigor Swamp) y ríos de agua dulce como el Layanai o el Munge, en el que chapotean los hipopótamos, una laguna de agua salada -Lago Magadi- en la que se concentran flamencos y una gran número de especies de aves, sabana en la que el león se mueve a sus anchas…. no falta de nada en este paraíso terrenal.

Los Big Five del cráter del Ngorongoro

El cráter del Ngorongoro es el único lugar en Tanzania en el que es posible observar a los míticos cinco grandes (Big Five): león, leopardo, búfalo, elefante y rinoceronte.

El componente humano también está presente en el cráter, aunque no como antaño. Los masais han sido desplazados al exterior del cráter, donde asientan sus campamentos, pero todavía ejercen el uso del terreno y bajan al fondo con sus ganados para que las reses tomen la sal necesaria en las aguas de la laguna o lamiendo el sustrato.

Mucho ha cambiado todo desde las andanzas del célebre explorador Thomson en sus expediciones por tierra masai cuando éstos eran considerados uno de los más temidos pueblos de África por su carácter belicoso. Cruzar sus territorios sería algo así como atravesar territorio comanche. Meterse en el cráter sería ir directamente a la boca del lobo.

En la actualidad, los masasis se asientan en poblados sobre el borde del cráter y los terriotorios adyacentes.

El cráter, si bien es el punto donde se concentran los visitantes, es sólo una parte de lo mucho que comprende el Área de Conservación del Ngorongoro. En la zona existen lugares tan impresionantes como el cráter Embakaai o el cráter Ol Doinyo Lengai, el único volcán activo de Tanzania, y otros volcanes, o enclaves como la famosa Garganta de Olduvai, famosa por sus yacimientos arqueológicos en los que se han encontrado numerosos restos de homínidos. Aquí encontró Leakey los restos homínidos más antiguos del planeta (unas pisadas de hace 3’5 millones de años).

Vídeo del Cráter Ngorongoro en HD

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Nos encontramos en el Valle de la Tobalina cerca del pueblo de Montejo que gracias a la buena labor de los vecinos, han diseñado y acondicionado una interesante senda ecológica de 3’5 kilómetros alrededor del pueblo, podemos conocer la flora y fauna del valle.

Se trata de un recorrido circular que muestra una larga lista de especies vegetales, con representación de la práctica totalidad de árboles que encontramos en el valle de Tobalina. Cada especie se encuentra señalizada e identificada con un cartel que indica el nombre vilgar, el nombre local y por suspuesto el nombre científico.

Comienza el recorrido en la pequeña plaza de la iglesia del pueblo, atravesada por la carretera que viene de Frías y donde existe una fuente. Bajando veinte metros por la carretera giramos en la primera calle a la derecha y llegamos a una explanada en la que se puede dejar el coche. Allí se encuentra la primera especie vegetal del recorrido: un serbal de cazadores. Siguiendo las indicaciones y flechas la pista baja en dirección al río Ebro para convertirse pronto en sendero que va bordeandolo y remontándolo por la orilla derecha hasta la Presa, donde existe un bonito salto de aguas y que fue construida para generar electricidad al antiguo balneario.

La ruta sigue bordeando el anticlinal de Montejo y las especies de ribera se suceden hasta llegar a las Fuentes de la Salud, de aguas termales que manan cuando el Ebro crece. El sendero se abre paso entre la espesa vegetación para dirigirse hacia La Pontinueva, paso estrecho entre rocas donde antaño hubo un puente. A partir de este punto el sendero se aleja de la orilla para avanzar entre las antiguas viñas y comenzar a subir por la ladera entre encinas, quejigos, enebros, bojes, sabinas, etc. Cuando ganamos la parte alta del cerro se llega hasta la Ermita románica de San Miguel.

Ya durante la subida empezamos a disfrutar de las vistas sobre la ciudad de Frías, que se domina a la perfección desde la ermita.

A partir de aquí la vegetación se hace más densa, con proliferación de esos bioindicadores de buena salud ambiental que son los líquenes, y comenzamos el descenso hacia el pueblo. Antes, nos aguardan dos interesantes reconstrucciones que nos explican y muestran los usos tradicionales del hombre en la zona. Se trata de una carbonera, en concreto dos eras en las que se fabricó carbón vegetal, y una tejera del siglo XIX donde se cocían y fabricaban tejas. Se conserva el horno, la cantera de piedra y arcilla, dos balsas de amasado y la era de secado.

Desde la Tejera el sendero baja rápidamente al pueblo y nos lleva al Carcavón, antigua captación de agua para la fuente de la plaza. Desde el punto donde el sendero sale a la carretera, en las inmediaciones de la plaza de la fuente (km. 3’5), debemos girar a la derecha para llegar a la fuente y recuperar el vehículo estacionado.

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Xcaret en La Riviera Maya de México

Xcaret es un parque turístico situado en la Rivera Maya nacido con la filosofía de la sustentabilidad desde la concepción misma del proyecto hasta cada una de las acciones que se desarrollan cotidianamente en este parque eco-arqueológico sin parangón. Filosofía que lleva por bandera y que se percibe desde el primer momento en que el visitante entra a Xcaret.

Cuando uno piensa en Cancún y la Riviera Maya, le vienen a la mente de manera instantánea largas playas de arenas blancas como el talco y aguas de colores increíbles. En efecto, no está desencaminado, pero si se decide acudir a este paraíso terrenal no debe olvidarse reservar al menos un día para visitar Xcaret; allí comprenderemos todo acerca de esas playas vírgenes y solitarias. Su origen, formación, y sobre todo el ecosistema al que están ligadas: el arrecife de coral.

Es incontable la biodiversidad genética y específica, que encierra un arrecife de coral, incalculable tanto cuantitativa como cualitativamente el número de relaciones establecidas entre los organismos del sistema: tróficas, reproductoras, simbióticas, etc. que explican su funcionamiento.

El arrecife de coral de Xcaret

Si bien en el plano terrestre la estrella de la biodiversidad es un bosque tropical húmedo y las relaciones bióticas que en él se desarrollan, el equivalente marino a la selva es el arrecife coralino, que incluso le supera. Estamos pues ante el ecosistema más rico e importante de cuantos existen: un arrecife de coral; pero no ante uno cualquiera, sino ante el Sistema Arrecifal Mesoamericano, el segundo más grande del mundo.

Si tenemos en cuenta las especies que lo habitan (flora y fauna) y las relaciones y ciclos que se establecen entre estas especies, estamos ante el ecosistema de vida más complejo que existe en el planeta. Pues bien, Xcaret se encarga de facilitar su comprensión y mostrar mediante grandes acuarios el funcionamiento del arrecife.

Para ello, continuando con su filosofía de sustentabilidad, han creado una serie de estanques y acuarios alimentados de forma natural por el agua del mar, que albergan unas 5.000 especies y que muestran, fase a fase, cómo es un arrecife a diferentes profundidades hasta acabar en la zona intermareal donde crece el manglar: el mundo pelágico, el bentónico, etc. De esta manera el visitante va recorriendo y conociendo toda la fauna y flora marinas a través de un impresionante recorrido.

Pero no sólo se percibe con la vista, sino que es posible conocerlo mucho más a fondo mediante actividades tan diversas como el nado interactivo con delfines, el contacto directo con algunas especies de vertebrados e invertebrados del arrecife, el buceo con escafandra, el snorkel entre infinidad de peces de todos los colores y la visita a alguno de los proyectos que se realizan. Por ejemplo es el caso del trabajo de recuperación de especies amenazadas y en peligro de extinción como las tortugas. En Xcaret se trabaja activamente en la protección y recuperación de las tortugas marinas: Blanca, Caguama y Lora.

Aunque quizá lo más sorprendente sea el minucioso análisis del funcionamiento del arrecife de coral mediante esta auténtica escuela al aire libre, en Xcaret existen además otros alicientes de gran interés que amplían el abanico de opciones hasta límites insospechados al contar con jardín botánico, mariposario, granja de orquídeas, granja de hongos,… y la posibilidad de practicar el snorkel en alguno de sus dos ríos o ver de cerca desde los amenazados e inofensivos manatíes hasta los peligrosos jaguares y pumas, sin olvidar el aviario -donde compiten en protagonismo flamencos, guacamayas o tucanes, entre otras muchas especies-.

Pero si importante es el componente natural, no menos impactante resulta Xcaret en el aspecto arqueológico. Xcaret cuenta además con varios Sitios Arqueológicos bien conservados y la recreación de la cultura maya mediante la construcción de un pueblo maya y el espectáculo protagonizado por decenas de actores y actrices perfectamente ataviados, que por unas horas transportan al visitante -ayudados por el embriagador ambiente cargado de incienso- a plena época maya. De hecho Xcaret, que significa “pequeña caleta”, fue durante el Postclásico uno de los centros ceremoniales y puertos mayas más importantes.

Créditi imagen: Joaquín Moreno

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Monte Kilimanjaro en Tanzania

En nuestro viaje al Kilimanjaro, guía de Tanzania en mano, en el cuaderno de campo vamos anotando una tras otra las diferentes especies de animales que hemos visto a lo largo del día. El Kilimanjaro se tiñe de naranja en su parte más alta, donde las nieves están presentes todo el año, mientras la falda del techo de África y la sabana arbustiva en la que se asienta el campamento de Kibo, se va llenando de oscuridad.

A la luz del ténue quinqué, la lista de fauna va animándose y la hoja de mi libreta de notas se acerca sin mucho esfuerzo al medio centenar de especies diferentes. Al repasar el día que ahora acaba las emociones se agolpan en la mente. Inmersos en un ambiente fenomenalmente descrito en novelas como “La Sombra del Kilimanjaro” de Rick Ridgeway o la célebre “Memorias de África” de Isak Dinesen, comentamos emocionados la visita de los enormes elefantes que a mediodía decidieron internarse en el campamento hasta la misma puerta de la tienda en la que ahora estamos sentados.

Cinco enormes machos, atraídos por el olor del agua de las tiendas en una época en la que ésta escasea fuera de donde nos encontramos, se han paseado por el campamento, su campamento -pues nos hallamos en Kambi ya Tembo, en swahili Campamento del Elefante-, para beberse hasta la última gota del agua sobrante en los depósitos de las duchas e incluso el agua que sirve cada mañana para asearse en el lavabo de campaña de cada tienda.

Excursiones en el Kilimanjaro

Kambi ya Tembo es el campamento que la empresa Kibo ha instalado en territorio masai. Sinya es el nombre del poblado más próximo y aquí, a escasos kilómetros de la frontera con Kenia, vemos cumplido nuestro sueño de ver caer la tarde sobre la mítica montaña del Kilimanjaro. Kibo es también el nombre del cráter superior del Kili, a 5.895 metros de altitud, y es el último punto en el que cada día se ve reflejado el sol tras ser engullido por el horizonte de acacias.

Cebras en Kilimanjaro

Cebras en Kilimanjaro

La cena aguarda en la tienda comedor. Como sucede en los mejores restaurantes del mundo, el responsable siempre es el chef. En Kambi ya Tembo, Sylvester, el cocinero, es también el jefe del campamento. Y como en los mejores restaurantes del mundo, las manos de Sylvester, elaboran unos platos típicos deliciosos que nada tienen que envidiar a las exquisiteces occidentales. El marco de la tienda y el buen hacer de Selemani Ally, que nos sirve atento la cena, multiplican además los cinco sentidos frente a la crema de cebolla y el sabroso pescado en salsa de limón.

El frescor de la noche se deja sentir más con el estómago lleno y es hora de charlar y tomar una copita junto a la hoguera. Bajo una cúpula celeste indescriptible y el relajante sonido del fuego, disfrutamos de una larga sobremesa en compañía de Idrissah Mshana, el guía de Kibo que nos acompaña durante todo el safari, Kipululi Napiteeng, el jefe masai del campamento y antaño importante jefe en esta porción de la tierra masai, y William Sabulu, un joven guerrero masai. Nada interrumpe las conversaciones a varias bandas en las que afloran el español, el inglés, el swahili y el masai, salvo un gruñido seguido con rapidez de un estrepitoso quejido que rasga el silencio de la noche.

– Kipululi interumpe bruscamente la conversación y exclama sin dudar: ¡Simba!.
Kipululi, veterano donde los halla, ordena a Wiliam y a otro masai -encargados de la seguridad día y noche en el campamento- acercarse a inspeccionar lo que más tarde se confirmaría camo el ataque de un león a una cebra. Esto es África.

La noche en el interior de la tienda se antojaba emocionante. Cuesta cerrar el ojo a sabiendas que la fauna salvaje deambula abundante y libre al otro lado de la lona. Más que temor, pues las tiendas son seguras, es una sensación de novedad. De no querer perderse detalle de cuanto se ve, o mejor dicho se oye, en la noche africana.

Durante el día, en la falda noroeste del Kilimajaro, donde se encuentra Sinya, los sonidos dejan paso a la vista. La luz es diferente en el África ecuatorial, ésta se muestra especialmente limpia e intensa para las cámaras durante el safari y para obtener las mejores fotografías es preciso emplear las primeras y últimas horas del día. A las nueve y media de la mañana, la luz ya tiñe de azul la silueta del Kilimanjaro y ni la gigantesca montaña se percibe con claridad en el visor de la cámara. Desde esa hora y hasta las cinco de la tarde, cuando empieza a caer el día en la estación seca, es el mejor momento para los primeros planos.

Desde los todo terrenos descapotables de Kibo o mejor aún, mediante un safari a pie, el disparador de la cámara fotográfica no cesa de sonar. Amparados en la seguridad del 4×4, podemos acercarnos hasta límites insospechados a jirafas, cebras, gacelas de Gran, gacelas de Thomson, dik- diks, el autóctono gerenuku, hienas, avestruces, babuinos, ímpalas, ñues, monos azules, antílopes de agua… y por supuesto al emblema de Sinya: el elefante.

El elefante se ha convertido en animal representativo de este poblado masai por razones de peso, nada más y nada menos que siete mil kilogramos tienen la culpa de que los giantescos paquidermos de Sinya estén catalogados como los más grandes de África.

Aunque durante la visita del grupo de elefantes al campamento no podimos acercarnos bajo ningún concepto al mayor de los mamíferos terrestres, pues son animales realmente agresivos, el tamaño aún en la distancia es imponente. Los masais, como pronto ellos mismos nos hacen saber, sienten auténtico pavor frente a elefantes, búfalos e hipopótamos y no así frente a los felinos. Los felinos sólo atacan cuando tienen hambre mientras que los tres anteriormente mencionados no dudan en atacar para matar cuando se les molesta. Tan contundente como claro.

Muy diferente es acercarse a los elefantes en todo terreno. Abundantes, los elefantes se localizan rápido entre las acacias dando buena cuenta de las ramas y si es preciso del árbol entero, o caminando en las zonas aclaradas en busca de agua. Localizado un grupo de elefantes, podemos acercarnos en coche hasta el punto en el que es preciso cambiar el teleobjetivo por el gran angular.

Sinya ofrece una naturaleza majestuosa con la presencia de multitud de especies animales y vegetales, el componente antropológico de las bomas masais, y la libertad, prohibida en los parques nacionales, de poder transitar en vehículos descapotables y no tener la obligación de seguir un camino marcado. El verdadero lujo africano.

Crédito imágenes: Erik Cleves Kristensen

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Baobab en Tarangire

El Parque Nacional de Tarangire está situado al norte de Tanzania y es conocido por los safaris y unos árboles llamados baobabs.  Se trata de un Parque Nacional pequeño, pero que no se le dedica el tiempo que requiere en los cirucitos turísticos y safaris. Generalmente se pasa por alto en los programas apretados o se le dedica una sola jornada.

Aunque es un parque de dimensiones reducidas en comparación a los grandes parques del norte. Tarangire encierra un paisaje de gran belleza y durante la estación seca, alberga la mayor concentración de fauna del país. Los meses idóneos son septiembre, octubre y noviembre, cuando la migración ya ha llegado al completo a Tarangire desde el norte. Es en esta época cuando los animales acuden a beber y refrescarse a los dos principales ríos del Parque, en torno al río Tarangire se puede observar una fascinante vida animal. Resulta impresionante seguir a una manada de elefantes, que en el parque encuentra la mayor población de Tanzania, mientras se dirigen al agua. Territorio de felinos, generoso en manadas de ñús azules, cebras, elanes, órices, y… en los árboles próximos a ciénagas, numerosas pitones.

Los Baobabs de Tarangire

Pero si de árboles hablamos, encontramos en el parque nacional de Tarangire la mayor cantidad mundial de los impresionantes baobabs. Quizá en esta ocasión el adjetivo impresionante se quede incluso corto si de describir el tamaño de estos árboles se refiere.

Enseguida viene a la mente el planeta de El Principito, que tan magníficamente tratara Antoine de Sant – Exupery en su obra maestra. Un planeta habitado por baobabs, unos árboles tan enormes que como explica El Principito, crecen hasta el punto de poder oprimir el planeta y hacerlo explotar.

Completan el apartado botánico especies como tamarindos, flamboyanes, acacias de diferentes especies, mangos, palmiras, palmeras de Senegal, euphorbias candelabro y bussei, higueras, ebonys africanos, etc.

Después de visitar el parque, de nuevo Kibo Safaris pone a disposición de los huéspedes una delicia de campamento. Éste se situa sobre un acantilado en la orilla del río Tarangire, con lo que el espectáculo de la vida animal está garantizado día y noche. Las tiendas dobles (capacidad total del campamento 20 personas) son una auténtica maravilla en la que no falta ningún detalle por insignificante que este sea. Como no podía ser menos, el protagonista del campamento de Tarangire es un enorme baobab central junto al que se encuentra la tienda central y la siempre agradable hoguera nocturna.

Sobre el baobab se ha construido el restaurante mirador del campamento. Al calor de la hoguera, como es tradicional en las noches de safari, repasamos y despedimos un nuevo día en África. Tarangire tiene buena parte de culpa del éxito de nuestra experiencia.

Imagen: N. Feans

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